lunes, 23 de abril de 2012

The Seaman

Cierta tarde de primavera conocí a un marinero. Aún no sé si el destino tuvo algo que ver. Paseamos por la playa, recogiendo conchas y charlando, y nos sentamos en la arena para ver juntos la puesta de sol. Mientras presenciábamos el espectáculo me contaba sus anécdotas y viajes. Me parecía conocerlo desde siempre. Recuerdo que en cierto momento nos abrazamos mientras el sol se ponía, con tanta naturalidad como si siempre hubiéramos estado así. Nos hicimos amigos, y al poco tiempo amantes. En algún momento, desoyendo lo que mi cabeza me decía, me enamoré de él, pero nunca se lo dije. Creo que incluso me lo oculté a mí misma. Tal vez fue ese mi error, o tal vez, aún confesándoselo y confesándomelo, nada habría cambiado. Acaso en las cosas del amor no hay ni error ni culpa que valga, y sucede que son o no son, sin más. Puede ser que entonces yo no fuera lo bastante valiente como para para quitarme la venda protectora y ver, y es ahora cuando ya no lo tengo, que me estoy dando cuenta de cuánto lo amo. Pero es tarde.

Aprendí muchas cosas a su lado y disfruté de cada momento, de su voz y sus historias, de sus bromas, de sus ojos, de sus abrazos, de su boca, y sobre todo aprendí que la amistad está por encima del amor, y es que es otra forma de amor, la más bonita, tal vez. Ahora ya no estamos juntos, no. Él tuvo que partir y navega de nuevo, rumbo a otras playas, a otra ciudad, donde encontrará el amor que le haga echar el ancla a su barco.

Sunset

Yo seguí con mi vida, y conocí a otros hombres, algunos de ellos marinos, tal vez porque buscaba en ellos algo de él. Sigo adelante, feliz, porque lo llevo conmigo allá donde voy, y hasta, a veces, las olas traen hasta mis pies alguna botella con sus mensajes, y eso me ayuda a seguir conectada y no echarlo tanto de menos cada día. Algunas tardes de domingo bajo a la playa donde lo conocí, y paseo tranquila. Mi mente se llena de recuerdos, y cuando el último rayito de sol se esconde, mis ojos compiten con el mar fabricando alguna lágrima que las olas, envidiosas, lamen y se llevan consigo en su retroceso. Me levanto, y emprendo la vuelta a casa. Mientras camino, aún con el surco de sal en mi cara, sonrío de corazón, porque siento que, allá donde esté, él es feliz.

6 comentarios:

  1. Precioso
    You'll never walk alone
    Un abrazo enorme

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    1. As long as I have a Friend like you! Thank you, sweetie! :*

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  2. que bonito es el amor!!! aunque yo le hubiese confesado mis sentimientos, yo es que para estas cosas, soy muy directa jaja.

    muy bonito el texto :)

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    1. ¡Mil gracias por la visita, leerlo y dejar un comentario, linda! Sí, decididamente es mejor confesar lo que sientes, aunque te encuentres con que no eres correspondido, pero a veces se teme que te quieran de rebote :)

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