Mostrando entradas con la etiqueta Me. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Me. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de septiembre de 2012

Optimism Under Maintenance

Pues sí, a veces hay que reciclar el optimismo, renovarlo, darle la vuelta por completo acariciando peligrosamente la depresión. Toca hacer un refill, como con la Coca-Cola en el McDonalds, aunque en este caso es algo más complicado. Hay que purgar todo lo que nos hemos ido tragando día a día, expulsarlo, eliminar hasta la última gota de mierda y poner a punto de nuevo la máquina, limpiar a fondo los escudos protectores, —que siempre atrapan algo peor que el polvo y cuesta desprenderse de ello—, abrillantar, encerar y cargar el depósito.


Works... Be careful
No es malo llorar, es de hecho necesario y reconfortante. Dejar fluir las lágrimas, por nada, por todo, porque sí, por los que quieres, por los que ya no están, por los que te preocupan, por los que te hacen daño, por los que te vuelven la espalda, por las cosas que se tuercen y no hay manera de enderezar, por un cúmulo de situaciones adversas que se han hecho una bola gorda y difícil de digerir. Y el optimista, ese ser que no se rinde fácilmente, que se enfada consigo mismo cuando detecta un amago de pesimismo, que derrocha buen rollo normalmente y alimenta con él a los que le rodean, para poder seguir brindando ayuda al resto, necesita irse solo, marcharse por un tiempo incierto a otro Universo, y una vez allí tal vez pegar cuatro gritos bien "daos" lanzados al viento y hasta reír con todas sus fuerzas, como si estuviera loco. Liberado, recompuesto y pleno de energía, ya es tiempo de volver como nuevo, más ligero, casi dando saltitos y danzando por el camino. Sabe que no está curado aún, que eso solo es una primera fase, pero estará listo para dar lo mejor de sí en unos días y dejar que la sonrisa vuelva a ser parte de él.

martes, 25 de septiembre de 2012

Autumn Leaves

La eterna duda. La larga espera. El tiempo avanza y los interrogantes se pintan en el cielo en diferentes tipos de letra de distintos tamaños. Me dejo llevar. Dejé mi espada, mi casco y mi capa olvidados en una playa, ¿o acaso fuera en un bosque? Ya no me enfrento al viento. Ahora me dejo mecer por él y doblo mi cintura a cada vaivén que dicta. Soy un junco que baila mirando al cielo azul de día, y contando las estrellas cada noche. Me relajo suavemente en el fluir del tiempo. De alguna parte me llega el sonido del mar, que me susurra al oído y me hace cosquillas, recordándome que volverá a venir a verme, dando la mano al Sol, para lamer mi cuerpo y llenarlo de sal. La Luna me conoce, Ella me entiende, y se sienta a mi lado, coqueta, en la cama por las noches, mientras me arropa y me acompaña hasta el amanecer. Llegan los días grises, esos en que notaré más tu ausencia, esos en que los lunes de sol, tras un fin de semana incierto, serán un regalo y borrarán una lágrima furtiva de un plumazo para colorear las páginas de mi vida, para dibujar hadas y duendes, para esconder pequeñas gratas sorpresas en un cajón y poder encontrarlas más adelante, haciendo que rasguen cierto día futuro, cambiando su signo y rompiéndolo en mil pedazos, creando así infinitos caminos. Barajar las cartas de nuevo y jugar otra mano, sin faroles, pero sin miedo alguno, con la mirada franca prendida en tus ojos y dispuesta a seguir avanzando, siempre. Without a doubt, the winter fall is coming... y yo pienso dejar que se llene de colores y que no se lleve mi sonrisa.
 
 
 
The falling leaves drift by the window
The autumn leaves of red and gold
I see your lips, the summer kisses
The sun-burned hands I used to hold
Since you went away the days grow long
And soon I'll hear old winter's song
But I miss you most of all my darling
When autumn leaves start to fall

domingo, 13 de febrero de 2011

Mouchos, Coruxas, Sapos e Bruxas...

Me afané en deshojar..., y según caían los pétalos y alguna lágrima, más se reducían mis posibilidades de seguir en Boston. Ahora, unas tres semanas después de mi vuelta desde Chile y de conocer la noticia de que tal vez mi aventura americana tocaría a su fin, el veredicto me es desfavorable. Mucho han de cambiar las cosas para que un golpe de suerte me permita quedarme. Sólo me viene a la mente hacer magia, convocar a las hechiceras, meigas y brujas del mundo, para que entre todas hagan un conjuro que me salve... o en su defecto, una buena queimada que me haga olvidar las penas :)


La esperanza es lo último que se pierde,... dicen...

jueves, 27 de enero de 2011

Doubts Walking A Tightrope

No ha hecho más que empezar el año y de nuevo en la incertidumbre. ¡Qué ganas tengo de un poco de estabilidad! Pero todo parece indicar que habré de buscar una margarita y empezar el ritual...
 


sábado, 25 de diciembre de 2010

Wrap Up Of The Year

Creo que en las fechas en que estamos bien puedo hacer balance de mi primera experiencia en lo que a trabajar y vivir en el extranjero se refiere. Llevo prácticamente todo el año en Boston, ciudad que, decididamente, me encanta; pequeña, muy "caminable", luminosa, limpia, llena de gente amable. Adoro el puerto, el Charles river, el Faneuil Hall lleno de vida con sus tiendas, restaurantes y el Quincy Market, la zona de Washington St cerca del Macy's, el Common park, las calles de Newbury, Boylston, Charles, Tremont, Beacon... 

Faneuil Hall
En ese tiempo he podido escapar muy poco a España: al Madrid de mis amores, a Coma-ruga en verano para disfrutar de una corta semana de vacaciones con mi familia, a Barcelona para reencontrarme con amigos especiales... He recorrido un poco Massachusetts, lo que el tiempo libre me ha ido permitiendo, y escapé a New York cuando Jogi vino a verme. En Boston he visto la primavera, el verano, el otoño y aunque me ha dado tiempo a intuir el frío, escapé a tiempo a Chile hace unos días y de momento me he librado de las nevadas y las bajísimas temperaturas. He "vivido" todo el año en el hotel, y mi búsqueda de apartamento comenzó, se vio frustrada, y ha recomenzado de nuevo, aún sin frutos, con lo que claramente a mi vuelta seguiré en el empeño.

Este es mi primer proyecto internacional. Sin exagerar lo más mínimo puedo decir que ha sido un año duro de trabajo, en el que las largas jornadas laborales han sido la tónica, especialmente en agosto, con alguna semana record de más de 85 horas de trabajo que, sinceramente, espero no repetir. Demasiadas horas, sí, pero sin que me ciegue el optimismo, no he de hacer esfuerzos para que lo que venga a mi mente sean recuerdos inolvidables, entrañables, divertidos y especiales. Aún recuerdo aquel fin de semana maratoniano en que Raquel y yo recorríamos los desiertos pasillos de la oficina a las 4 de la mañana, cantando a voz en grito, o cuando al ritmo de la música nos marcábamos bailes con las sillas ante la mirada atónita de Barry, quien debía pensar "estos españoles están locos". Había que mantenerse despierto mientras los procesos se ejecutaban y esperábamos, pacientes, a que en México nos hicieran caso con las peticiones que íbamos encadenando. Cada ¡ahorita, ahorita! nos desesperaba, pero sólo recuerdo risas y buen rollo. Igual que en las semanas previas en que Fernando decía las palabras mágicas de "hoy, lo mismo, salimos pronto" y terminábamos saliendo a las mil, cenando frente al hotel a las 11:00 porque ya no había muchos más sitios donde pudiéramos hacerlo. Luis, el colombiano, repite incansable que en este proyecto le parece estar inmerso cada día en una peli de Almodóvar. Pero, volviendo a alejar el zoom de esas semanas y mirando en conjunto todo el período, aparece en escena toda la familia: mi familia bostoniana, compuesta por todos los compañeros (amigos, en realidad) a los que he ido conociendo día tras día, dentro y fuera de la oficina. Cuando estás en un proyecto fuera de casa pasas muchas horas con el resto de la gente, no tienes una vida a la que regresar cuando dejas la oficina, y sales a cenar, a tomar una cerveza, a dar un paseo, a ir de compras..., con tus compañeros, lo cual hace que pasemos muchas horas juntos, semana tras semana, especialmente cuando estábamos la mayoría en el hotel, en el que prácticamente ahora sólo quedo yo. Se produce un efecto "Gran Hermano", todo se vive más intensamente y se magnifica, y los lazos que se crean son fuertes. A medida que unos y otros nos mudemos a apartamentos y nos integremos individualmente en nuestra rutina diaria, se ampliará el grupo con integrantes autóctonos, pero de momento somos básicamente la gran familia española. Les quiero. Nos tenemos unos a otros para mimarnos y animarnos en momentos de bajón, para dar un abrazo al que lo necesita, para comernos a besos, para celebrar lo que se tercie, para compartir nuestros ratos de ocio... para vivir, en definitiva. Añoro en muchos momentos a mi familia y amigos, me encantaría poder chasquear los dedos y materializarme junto a ellos o traerlos junto a mí sin más que desearlo, pero no han inventado aún lo del teleport (científicos del mundo, ¿para cuándo?). Es entonces cuando más agradezco tener también aquí una familia a la que adoro.
 

Vamos que, in summary, el resultado del balance es positivo 100%, y sin dudarlo estoy dispuesta a repetir en el 2011. Ahora me toca descansar, disfrutar de mis merecidas y largas vacaciones con mi familia, desentumecer los músculos, vaciar la mente, reunir energías y embotellarlas, para ir liberándolas a medida que me hagan falta, y poder estar, a mi regreso a Boston, llena de vitalidad y con las pilas bien cargadas. Go for the New Year 2011!!! ;D

jueves, 16 de diciembre de 2010

When The Rook Flies Low...

Viernes pasado: comida de Navidad con los compañeros.

Temperatura que marcaban los mercurios en Boston: alrededor de 25 ºF, que vienen a ser unos -4 ºC.

Sensación térmica: depende de la constitución de cada uno, de la calle en la que estés y de si llevas un orujo en el cuerpo o ninguno, pero doy fe de que el grajo iba reptando por las calles, y de que eso de -4 ºC, nada de nada.

A rook
En esas circunstancias, ese viernes me abrigué (no hice como las bostonianas, que lucen escotes, minifaldas sin medias y calzado de verano con los dedillos al aire, que si soy yo se me caen uno por uno del frío; prometo averiguar algún día cómo lo resisten y cuál es su secreto). Fui a trabajar en taxi, y en coche hacia el restaurante. Las pocas veces que me aventuré a salir a la calle a fumar (sin comentarios) lo hice pertrechada con bufanda y abrigo bien cerrado hasta arriba. Me llevaron en coche hasta el sitio de copas al que fuimos después. Tras varias horas de pasarlo bien, regresé al hotel en taxi, que tuvimos la suerte de parar a pocos metros del local. Y, ahí es cuando llego yo y me pregunto,... ¿dónde ha sido que he pillado este tremendo catarro, resfriado o proceso gripal? ¿Quién me ha transmitido vía aérea uno de esos bichitos malos? Como me entere, me lo cargo, ¡ja! Que me ha tenido el tema como alma en pena, envuelta en toses, escalofríos y temblores, con dolor de cabeza y garganta, inapetente de todo, encerrada en mi castillo (léase hotel) hasta hoy. Y si hubiera sido una transmisión boca a boca, al menos habría tenido con quien delirar en mis momentos febriles, digo yo.

En fin, ya estoy más o menos restablecida, curada y casi sana del todo, pero no las tengo todas conmigo. Ayer se estropeó la calefacción en mi habitación. Me arrastré a recepción a contarles el problema. Era algo general que afectaba a muchas habitaciones, pero no a todas, y me ofrecieron cambiar de habitación. No way, me dije, que con lo hecha papilla que estaba no me veía yo empacando mis pertenencias para llenar las 4 maletas que traje, y sabiendo que los regalos que he ido comprando no tenían hueco en ninguna (ni tienen de momento, a ver cómo apaño esto). Me subieron un radiador pequeño que no sirve más que para hacerme compañía. Opté por meterme bajo el edredón y sobreviví a la noche. Hoy, cuando he vuelto del curro, he entrado a mi habitación con la esperanza de ver resuelto el problema, pero no. La nueva visita a recepción me ha hecho conocedora de la grata noticia de que no podrá solucionarse ¡hasta el fin de semana! Bbbbrrrrr.... Muero de sólo pensarlo y de ver previsiones de frío y nieve estando sin calefacción. ¿A que voy y no me curo?

viernes, 19 de noviembre de 2010

Look On The Bright Side Of Life

Hay días que empiezan con el pie izquierdo... definitivamente, y el de hoy fue uno de ellos. Me levanté con infinito sueño. Habría necesitado al menos un par más de horitas para levantarme como nueva, pero no solo el despertador se puso pesado, sino que tenía cita con mi médico. Nada grave: el típico chequeo médico. Desterré la idea de hacer pereza y caminé directa a la ducha. Iba bien de hora. La cita era a las 9:00. Bajé a desayunar a la cafetería del hotel: mi zumo, mi piña, mi café y mi muffin tostado, con mantequilla y miel. Que mira que hay opciones en el buffet, pero entre que voy a veces como un autómata y entre que realmente es lo que más me apetece, tomo el 99% de los días lo mismo, aunque hoy me salió un tanto chungalí. El café, - he decidido llamarlo así, porque es la traducción literal de coffee, pero deberían rebautizar el término, porque de solo recordar esos cafés de mi Europa... ¡aaahhh!, se me ilumina la cara, ¡eso sí son cafés! -, ... decía que el café es... americano, pero descubrí esta mañana que tiene grados de calidad. En concreto, el que me ha servido Dan esta mañana con la sonrisa de siempre era, yo diría, no potable. Sabía a sucedáneo de café, sin gracia, amargo y quemado. Y por si fuera poco, el muffin, que siempre dejo en el tostador mientras tomo la piña, salió un tanto quemado. Y ahí estaba yo, sentada en la mesa, con el "café" y el muffin morenito. Mal empiezo el día, pensé, pero todo tiene a veces un aspecto positivo. Mi desayuno no tenía arreglo, y no tenía tiempo de tostar otro muffin, eso estaba claro, pero el momento se equilibró cuando levanté la vista en pleno bocado y me encontré con un peque rubito de alrededor de un año, poniendo morritos como solo los niños saben poner. Sonreí. Era de foto. Su papá intentaba hacer que se comiera una suerte de potito e imitaba, sin ser consciente, los gestos de su hijo. Que el niño era mono, pero el papá estaba para mojar pan. Momento nivelado, me dije. Y terminé mi desayuno con buena onda.


Salí a buen ritmo por Milk St hacia Washington St. Eran las 8:50. El médico estaba cerca, pero por asegurar la puntualidad aceleré, cargada con bolso y portátil, dando tan buenas zancadas como los botines de tacón me permitían.Llegué al edificio y unos minutos antes de las 9:00 estaba ante la recepcionista. Cuando le dije que tenía cita descubrí que realmente ¡era a las 11:00, no a las 9:00!, pero poco importó, me informó que esa mañana no estaba la doctora, que habían dejado un mensaje en mi móvil para avisarme, que si no lo había escuchado. Me hice de cruces y concerté una nueva cita. Salí dispuesta a averiguar cómo configurar el teléfono para que me avisara de los mensajes y para saber cómo diantres podía escucharlos (confieso ahora que llevo parte del día intentándolo y no lo he logrado, pero lo haré).

The Charles River
El día era de foto. Brillante y soleado. Me gusta caminar a esas horas por el centro, que está lleno de vida, mientras los comercios empiezan a abrir y la gente corre a sus trabajos. Disfruté del momento y entré en el metro. Eran solo cuatro estaciones hasta la oficina. Esperé en el andén y llegó mi tren. Encontré asiento y no fui consciente de que mi cerebro había perdido la cobertura. Me sumí en mis pensamientos, dejando vagar la mente hasta el momento en que ante mis ojos desfiló el Charles River. ¡Hey!, ¡el río!, pero... No, no me había pasado de estación como tal vez estéis pensando. Peor. Me había montado en dirección contraria, ¡arrrrrggghhhh! Bajé en Kendall/MIT y me puse a buscar cómo cambiar el sentido. Imposible, o al menos no fui capaz, tuve que salir a la calle, cruzar, entrar de nuevo en la estación, pagar otra vez con la Charlie Card y esperar a mi tren hacia el sentido correcto. Jamás tengo la suerte de ver el Charles por las mañanas camino del curro, porque no es parte del recorrido, pero hoy lo iba a ver dos veces, ¡ja! Me pareció que, de nuevo, el momento se compensaba con otro positivo. Recorrí las estaciones restantes hasta la oficina, con mi cerebro ya de vuelta y alerta, disfrutando del paseo inesperado.

No he tenido más contratiempos el resto del día pero, de tenerlos, sé que habría olfateado y paladeado el aire, abierto poros y oídos, y aguzado la vista... looking on the bright side of life :-) al más puro estilo Monty Python.

lunes, 15 de noviembre de 2010

All Around The World

Otro día sin ti. Sola en la casa, en la cama… ¿Dónde estás? ¿Cuándo vas a aparecer en mi vida? ¿Cuál es tu nombre? ¿Dónde vives? Quiero encontrarte, pero necesito datos. No me han dado un radar para localizarte, y estoy cansada de esperar…

Estos, o parecidos, son los pensamientos de muchas mujeres y hombres que, tras uno o varios fracasos amorosos, desean encontrar a alguien que les ame. Ansían no estar solos, quieren tener a un compañero a quien amar y con quien compartir y hacer planes, necesitan vaciar su mente de los recuerdos que aún perduran del último amor. Muchos siguen anclados en ese pasado, intentando descifrar qué hicieron mal y de algún modo culpándose, porque hubo un momento en que lo tenían todo y eran felices, pero algo cambió, y a veces en su desesperación, creen que fue debido a ellos.
El amor no se puede forzar. Amas o no. Sientes o no. No hay un interruptor ni un switch que activar para ponerlo en modo ON. Si estás con alguien a quien amas y no eres correspondido, acéptalo. No es el fin del mundo. Si de verdad quieres a esa persona, querrás su felicidad, no querrás atarla a ti, poseerla y dominarla, porque eso no es amor, y los celos tampoco son amor. Todo eso es no quererte nada. ¿Por qué te vas a conformar con las sobras, con un amor descafeinado, con las migajas de la mesa? Si amas 100%, no pidas menos, pero no fuerces el corazón del otro, porque será una batalla perdida. ¿Quieres vivir engañado sabiéndote no correspondido? No supliques, no implores, no te rebajes, cree en TI y quiérete, porque TÚ, como el resto del mundo, mereces ser feliz, y entre todos los millones de personas que pueblan el planeta, alguien aparecerá antes o después.

Cortar una relación amorosa no es cortar una relación con el otro. Es cierto que si hubo celos, discusiones, fuertes peleas y, sobre todo, pérdida de respeto, cerrar esa brecha a veces es casi imposible. Pero las relaciones en las que subyace una profunda y gran amistad pueden seguir existiendo aún después de romper el vínculo amoroso, aunque a veces haya que dejar pasar un tiempo, porque no es tan rápido como chasquear los dedos y aceptar la nueva situación.
 

En mi caso, adoro a mis ex, con locura, sé que puedo contar con ellos como amigos. Quiero verles felices y ellos a mí. He tenido la suerte de topar con personas adultas, y poder continuar la relación, aunque de modo diferente. Me siento afortunada. Estoy sola, sin pareja actual, deseando que aparezcas en escena (¿dónde diantres estás?), pero feliz...

jueves, 11 de marzo de 2010

Unsolved Equations

Y aquí estoy de nuevo: de vuelta en los Madriles, tras haber hecho mi tercera escapada a Boston por motivos de trabajo. Pero al menos los fines de semana dejaban tiempo para turistear, y pude ir a Cape Cod y a Rodhe Island. Lo he pasado en grande, la verdad. Estas allí, lejos de tu familia y amigos, pero rodeada de compañeros que, de algún modo, se convierten en tu familia, y se crean lazos especiales. Es como una especie de Gran Hermano, tal vez, y todo se magnifica. Ahora les echo de menos estando aquí, aunque es cierto que acabo de aterrizar como quien dice, y no me ha dado tiempo a calentar motores y dejarlos al ralentí. En dos o tres semanas, cuando me vea de nuevo haciendo maletas para volver, será a los de aquí a los que me dé penita dejar.

Y yo soy la misma, sigo siendo la chica envuelta en la incertidumbre, porque aún quedan muchos interrogantes por despejar, y por más que me afano para resolver ecuaciones, éstas no me las enseñaron en la carrera. Será cuestión de seguir caminando, paso a paso, cruzando los puentes que aparezcan en mi camino, o saltando por ellos para remojarme de vez en cuando. ¡Es la vida! :-)


domingo, 17 de enero de 2010

Riding on Life

Mucho tiempo llevo sin pasar por aquí a sembrar unas letras que juntas, como hormiguitas, formen palabras y, a veces, párrafos con sentido. He vivido muchas cosas desde mi última entrada, buenas y malas, y casi sin darme cuenta, el reloj de arena del 2009 fue dado la vuelta y ya corre, a su ritmo, grano a grano, el tiempo del 2010. Mi cabeza está llena de preguntas sin respuesta, y nadie, salvo yo, podrá ir contestándolas, o tal vez algunas queden para siempre así. De nada me ayudaría acudir a una echadora de cartas o consultar la bola de cristal. Sólo serviría para esconder la cabeza bajo tierra y dejar que otros tomen las decisiones por mí, cuando soy yo quien debe hacerlas propias. Cuando queremos hacer un cambio importante nos refugiamos a veces en excusas, y es que no se puede estar aquí y allí al mismo tiempo, ni se pueden tener siempre todas las cartas sobre la mesa. Las más de las veces hay incógnitas, pero si esperas a desvelar cada una de ellas, tal vez el tren se irá y no llegará otro para llevarte a tu destino.

Veremos cómo evoluciona mi amasijo de interrogantes y qué me depara este año que comienza. Sólo sé que esta vez no tengo intención de quedarme esperando a que la vida pase ante mí, y pienso montar en ella, aunque sea sin silla, a pelo, ¡como una amazona!.



miércoles, 21 de octubre de 2009

No Internet Available

No tengo Internet. Algo gordo ha ocurrido, hará una media hora, y se han despanzurrado todas las cosas que tenía corriendo gracias a la savia internetera que corría por las venas del Pc. Dicen lo de siempre: avería técnica generalizada en la zona. A saber si se trata de un cable pelado o es algo verdaderamente complejo, pero el caso es que aquí me hallo, escribiendo lo que podrá ser (si Internet vuelve algún día) una entrada en mi blog.

Te acostumbras a algo y en el momento en que te falta te encuentras un tanto raro. Por Dios, si he estado a punto de buscar el teléfono de atención al cliente de mi operador en la web. Ppfffffffffff!!! Que hasta he enviado unos cuantos tweets vía móvil… Pero no hay color, porque no veo mi timeline. No veo nada. Es como un diálogo de besugos entre yo y yo, y ¿qué voy a decir? Ya me conozco, con lo cuál ni me contesto.

Me digo ¿qué hago?, ¿qué hace una persona que pasa tantas horas diarias delante del ordenador y casi siempre haciendo algo que requiere conexión? Cuando estoy de viaje o por ahí, ni me acuerdo, aunque he echado un ojillo al iPhone y cualquier día se viene conmigo. Pero estando de relax en casa, para mí es fundamental. En fin… Pasó por mi mente lo de encender la tele, pero lo descarté rápido. Aunque, quién sabe, como esto vaya para largo me veo viendo… ¿viendo qué? Si no sé ni qué programación hay, jajaja…

Mis constantes vitales y mis pulsaciones parecen normales. No observo manchas en el iris, ni pigmentaciones o sarpullidos en la piel. Las ojeras ya estaban está mañana, así que no cuentan. ¿Significa esto que no estoy enganchada a Internet? Llevo ya casi una hora, y extrañamente estoy tranquila, pero ¡estoy intentando a cada rato ver si ha resucitado! Y nada. Que está haciéndose la interesante y pasa de mí. Pero sé que está con otr@s, ¡qué desvergonzada! Huys… que me veo encendiendo la caja tonta o retomando mi libro de la mesilla de noche.
...

Fuera llueve. Mejor dicho, diluvia. Voy a cerrar la ventana que se me inunda la casa y para eso no necesito Internet, y ya que me levanto voy y ceno algo. Lo mismo a mi vuelta todo ha regresado a la normalidad :-)
...

Pues no, así que cambio la cara: :-(, ¡ea!. Y encima me he recorrido 34 canales de TDT en busca de algo que me retuviera y… nada. Aunque me conozco, salvo que hubiera encontrado algo realmente apasionante, estaría asomándome por aquí de nuevo a probar fortuna.
...

Me he puesto música. El iTunes, claro, porque Spotify no puedo. Y doy vueltas por la casa. Pico algo en la cocina, aunque acabo de cenar como quien dice. Riego una maceta aquí y otrá allá. Me peso al pasar por uno de los baños y ver la báscula. ¡He perdido un kilo! ¿Ya? ¿Tan pronto? ¿Tanto me está afectando esto? ¿Significa esto que Internet engorda o que el mono adelgaza?
...

Y canto, ¡hala! Que lo hago fatal, pero me importa un comino. Es mi mono y lo paso como quiero. Y que se le ocurra a un vecino asomarse, que como tenga Internet le hago prisionero y le asalto la casa, lol. Pasó por mi mente lo de llamar a alguno para pedir una tacita de Internet, por caridad, suficiente para ir de surfing por un ratito. Ay… Y mientras esto parece un disco rayado: “Resolviendo la dirección xxx” “Servidor no encontrado”.
...

A lo tonto, a lo tonto, llevo casi 2 horas sin Internet, y será la música, ¡quién sabe!, pero al final estoy pasando un rato de lo más agradable. Me voy a secar la melena, que el secador sólo necesita electricidad. Cruzo los dedos para que no le dé por morir esta noche, que lleva días con extraños ruiditos...
...

Se ha portado como un jabato. ¡Ese sí que sabe! No te deja colgada en un momento así. Aunque otros lo hicieron. Aún recuerdo cuando tuve que pedir el secador a la vecina, para evitar ir a currar como una loca huida de algún sitio al día siguiente. Y al final casi fue peor. Su secador secaba, sí, y tanto que secaba. Me quemó el pelo en una zona, porque no había manera de regular la temperatura. Bueno, al menos hoy no he tenido tal percance.

Y la música sigue sonando y animándome, mientras Internet me evita y me saca la lengua tal que así :-P

Y fumo algún que otro cigarro. Me había pensado lo de no comprar más tabaco hoy, pero al final compré una cajetilla a la hora de comer. Mucho p’al body habría sido eso de pasar ¡dos monos hoy! Aunque poco imaginaba yo de eso esta mañana. Que de haberlo sabido, lo mismo me habría hecho plan de salir por ahí a cenar, y volver a casa para meterme en la cama, o me habría escapado a comprar un iPhone, jajaja… Nah, eso no lo habría hecho, tan mal no estoy. Creo que tengo salvación pero… ¡que me restablezcan el servicio YA, hombre!
...

Resignada ya a no tener Internet hasta mañana, al menos hasta que llegue a la oficina. Tenerlo en casa será cosa de que arreglen lo que sea que no me ha permitido subir esta entrada al blog… Aunque, pensándolo bien… esta entrada no habría existido de no haber sido por este desaguisado, ¿no?

Ya es casi la 1:00 am y el despertador sonará en unas horas, haya o no Internet, así que cierro filas y mañana será otro día.


miércoles, 14 de octubre de 2009

Reading Carefully

A veces voy tan acelerada por la vida que igual chocó con paredes, que descascarillo mi cadera contra los pomos de las puertas (me salen unos cardenales la mar de monos, todo hay que decirlo) o leo un texto en diagonal, por aquello de las prisas, rellenando los huecos con mi imaginación más que con las palabras que realmente contienen. Y es que es conveniente prestar atención cuando se lee, porque a veces se cae en errores... como éste:

Cierto amigo me recomendó un día un buen dentista, que resultaba ser su primo. No me dio sus datos de contacto en aquel momento, y fue hace poco, tras hablar con él por teléfono, cuando recordé su consejo y me di cuenta de que aún no disponía de los datos. Al saberle metido en un avión en ese momento, decidí enviarle un SMS, para que no se me pasara preguntarle y me contestara cuando pudiera.
 
Moona:

Pasó la tarde, y yo salí a cenar a mi japonés preferido, donde me puse las botas degustando sushi & sashimi, y acompañándolo de un delicioso vino. Ya no me acordaba del SMS enviado antes, y el sonido de recepción de nuevo mensaje en el móvil, según entraba en casa, me pilló desprevenida. Era de mi amigo. Abrí el mensaje, y leí:

Mi amigo:

Me quedé de piedra, y pensé, ¿eh?, este tío es imbécil y en su casa no lo saben. ¿A cuento de qué me dice esto?, ni que yo fuera por la vida creyéndome la reina de Saba, ¡será idiota! Pero... ¿qué mosca le ha picado? Es majo, pero no es George Clooney. ¿Le he hecho algún feo y mi memoria de mosquito me impide recordarlo? No parecía molesto hace un rato cuando hablé con él. Pero la que sí estaba de repente molesta era yo, y ni corta ni perezosa, sin pensarlo mucho más (¡ay, las prisas!) le respondí:

Moona:
(una es así, aún enfadada sigue mandando besos)

Y al instante recibo:

Mi amigo:

Ahí me dije, ¿qué?, ¿cómo que qué?, ¿qué de qué, idiota?, ¿ahora vamos de graciosos o qué?. Pero en el fondo me chocó ese "¿qué?" suyo. Quiso la casualidad que tuviera su mensaje aún guardado (los suelo borrar tras leerlos) y pudiera releer de nuevo con más calma. Y releí. ¡Dios! ¡Qué chasco! Había escrito:

Mi amigo:

¡Ooooops! ¡Glubs! Menuda metedura de pata. Me moría de vergüenza, y me llamé torpe una y mil veces. Yo poniéndole verde, y él, pobre, inocente de todo, y seguramente planteándose el borrar mi nombre de su agenda por no tener que vérselas más con las acusaciones de una petarda. No tarde en responder diciendo:

Moona:

Mi amigo:
(claro, ¿qué otra cosa me iba a decir?, ¿que me cuide la vista o que me cuide de leer si bebo vino?)


Moona:

Pfiuuuuuu, ays... todo se aclaró y solucionó. Me partía de risa yo sola, y él se partía también al día siguiente cuando me llamó para ver si "ya estaba más tranquila" y le expliqué lo que había leído inicialmente y todo lo que pasó por mi cabeza en esos momentos con respecto a su persona. Charlamos un buen rato y nos despedimos, aún como amigos. En adelante, me cuidaré mucho de leer con detenimiento todos los próximos mensajes que reciba, en especial los suyos.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Mosquito Attack

... Sigue siendo verano, es innegable. Primero, porque estamos en agosto y en el hemisferio norte. Segundo, porque el calor que venimos padeciendo no es típico de invierno, por mucho que la climatología ande revuelta gracias a nuestros continuados ataques al planeta. Tercero,... ¡me han picado los mosquitos esta noche! He amanecido con unas bonitas picaduras en el brazo, de lo más decorativo. Lo bueno es que ni me enteré.




No puedo soportar cuando estás en tu camita, relajada o a veces ya casi frita, y lo oyes... ¡Pffffeeeeewwwww! (¿o suena mejor Ñññiiiiuuuuuuumm? Soy malísima para las onomatopeyas. Tomo nota mental de intentar averiguar por qué los chicos imitan los sonidos mejor que las chicas). ¡Ahí está!. Un bicho vuela bajo, rasante, derrapando en su trayectoria junto a mi oído... Mosquito detectado. Me saltan las alarmas. Es algo superior a mí. Que sé que no me va a comer, vaya. Que soy más fuerte, grande y temible que él. También lo sé. Pero es que ya soy incapaz de volver a dormir hasta que no haya conseguido acabar con él o echarlo de mi casa. El sólo hecho de pensar que, cuando esté en el mejor de mis sueños, ese pequeño individuo la emprenderá contra mí, es suficiente para despertarme del todo. Me da por pensar que tal vez elija mis párpados, para más inri, y me pongo nerviosa. Ya me veo con los ojos hinchados y repletos de picaduras. No queda otra que ir a la caza y captura. Y eso hago. Antes de nada, cierro puertas y ventana para aislarlo, y me aseguro de seguir oyéndolo o viéndolo por la habitación. Si no doy con él, a veces decido volver a abrir todo y contar con que se haya largado, a sabiendas de que puede estar agazapado, esperando un descuido. Pero es que si no lo veo, no lo veo, y abrir de nuevo para que entre el aire (si existe) es imprescindible con estos calores. Pero si lo encuentro y localizo, soy la loca que, armada con una toalla, camiseta o lo que pille, y mostrando los dientes cual salvaje, la lía a trapazos contra el enemigo cada vez que se para quieto, y ando subiendo y bajando de la cama, y correteando por la habitación. Normalmente tengo éxito en la misión, y eliminado el cadaver, abro todo y a dormir plácidamente, o lo que el calor y ruidos de aires acondicionados de los vecinos me permitan...

martes, 9 de junio de 2009

Summer Optimism

Abro esta página de vez en cuando, con la sana intención de escribir algo, pero termino cerrándola pasados breves minutos, porque mi mente se queda en blanco, y cualquier idea que asoma tímida, es desechada sin contemplaciones.

Vuelvo ahora a la carga, a sabiendas de que no tengo nada excepcional que relatar, y que me flaquean las canillas como cada vez que veo el lienzo en blanco. Es curioso... En innumerables ocasiones, —normalmente cuando no está el Pc ante mí o siquiera un cuaderno—, mi mente está llena de párrafos relatando cosas que me ocurren o ideas variopintas que se asoman a ella sin más. Pero cuando me siento a darles forma ya no es igual, pasó el ángel inspirador y no es posible atraerlo a la fuerza con falsos ardides. Así que no es lo que pretendo hoy.

Hoy tan sólo quiero enviar mucho apoyo a amigos que sé que lo están pasando mal, en distintas ciudades y partes del mundo, y por diversas razones. Unos por infelicidad en su relación, otros por falta de trabajo, alguno por abusos y falta de libertad, por sentirse engañados, por soportar duras cargas, por luchar sin ver frutos,... Son mis amig@s, y se vienen abajo en algún momento, dejándose llevar por la depresión y la desgana, se les acaban las fuerzas y se quieren rendir, hartos ya de tanta lucha. En la mayoría de los casos, la ayuda que les puedo prestar es sólo la de escucharles y animarles, e intentar que vean el mundo un poco más brillante de lo que tal vez es, porque estoy convencida de que, cambiando la actitud, no es que se produzca la magia y todo se solucione, pero sí se es más feliz. Siempre, siempre, siempre, puede encontrarse algo positivo a cada día, por pequeñito y minúsculo que sea. Búscalo. Hazle zoom. Deja que brille. Y busca otra pepita de oro entre tanta oscuridad, que seguro que hay más.

No puedo evitar ser optimista. Debí caerme en la marmita del Mundo Positivo cuando era pequeña, y aún no me he recuperado de la sobredosis. Y la verdad, me alegro. Porque a pesar de los titulares de los periódicos, a pesar de las desgracias que te puedan rodear en algún momento, siempre hay una imagen, un gesto, una palabra, un olor, una voz, un beso, una caricia, una música... algo, que hace que merezca la pena seguir aquí.

Me siento bien. Puede que no sea la persona más feliz del mundo, pero vivo momentos de felicidad concentrada. Los atesoro con mimo, por si he de echar mano de ellos.

El día es claro, el cielo despejado y azul, el sol me mira desde ahí fuera. El verano me espera :-)

miércoles, 25 de febrero de 2009

Singsong Tuesday

Martes... Desayunada, duchada, vestida y manos al volante, el día comienza con un par de atascos previos a llegar al trabajo. Hoy, para más inri, tenía que ir a otro edificio más lejos de casa que el habitual. Allí he pasado todo el santo día, con reuniones varias, trabajo en equipo, y algún que otro break para tomar un café, salir a la calle a disfrutar de este día tan primaveral, o para comer claro, que la alimentación no hay que descuidarla por muy liado que se esté. Pasaban de las 19:00 cuando he planteado mi retirada, casi ya resignada a topar con más atascos en el largo recorrido que me esperaba. Nada que ver. He disfrutado como una enana. Poder salir, callejear un poco y tomar la M40 ha sido pan comido, y ya en la autopista, con la música a tope y el techo solar abierto, iba feliz, cantando a voz en grito y sabiéndome no escuchada. Siendo el tráfico fluido como era, a lo sumo alguno ha oído una nota desafinada cuando... pfffiuuuuu!... he pasado a su lado como una bala. Mejor para él que solo haya sido eso, porque jamás he cantado bien, para qué negarlo o disimular. Ya de pequeña, en los cumpleaños, cuando tocaba lo de cantar en el momento de soplar las velas, intentaba hacer playback, y movía los labios sin cantar más que los finales de las estrofas ...iiiiiiiiz, ...iiiiiiz, ...oodooos, ...iiiiiiiiizzz... Curioso, si se tiene en cuenta que a mi hermana y a mí nos confunden la voz al hablar. Al cantar imposible. Ella canta bastante bien, pero yo no llego ni a los bajos ni a los altos. Si el timbre es similar, ¿qué se necesita para cantar bien?

En fin, yo estoy resignada, y ahora, al menos, me reservo el placer de esos momentos en el coche...

jueves, 12 de febrero de 2009

Plunge into the Pacific Ocean

Machas al parmesano, empanada chilena, ceviche de pescado, tiradito (es peruano), pastel de choclo, asado, pebre, congrio a la mantequilla, corvina... Hmmmm... rico, rico… Me estoy poniendo las botas día tras día, y regando los aperitivos con pisco o con los buenos caldos de esta tierra, blancos (como un buen el Chardonnay) o tintos. Ayer fue a la hora de comer, en el chiringuito de la playa de Zapallar, - César creo que se llama -, mirando al mar y los bañistas. Pregunté a una pareja de carabineros (es como se conoce aquí a los señores polis), si estaba permitido hacer topless en Chile. Me dijeron que no, salvo en playas específicamente nudistas, y que hay multa en caso de que alguien te cite. Bueno, la verdad es que ayer no pensaba hacerlo. La playa estaba bastante concurrida y con ambiente muy familiar, y sé que aquí son pelín más conservadores que en España, así que no pretendía alterar a los chilenos. Me alegré, sin embargo, de que no hubiera habido mucha gente hace un par de días en la playa de Cachagua, ni siquiera carabineros patrullando, porque allí sí, ante la mirada de propios y extraños, opté por tomar el sol sin la parte superior de mi bikini. En cualquier caso, ayer en Zapallar el mar estaba un tanto bravo, y cuando está así, baja más de un calzón a los bañistas. No era caso salir desnuda al completo de mi baño… He dicho bien: mi baño. Ayer, por fin, en mi quinto viaje a Chile, caté de primera mano las aguas del Pacífico. Me metí incluso un par de veces, brincando sobre las olas con los niños según me adentraba. Di fe de lo fría que está el agua, acá, aunque creo recordar sensaciones similares en el Cantábrico o el Atlántico. La prefiero un poco menos fría, pero… es una gozada sentir las carnes tan prietas como a los veinte

lunes, 9 de febrero de 2009

Mailing a Postcard

Aunque cada vez menos frecuente por aquello de la existencia de Internet, estando de vacaciones siempre ha sido normal eso de enviar una postal a algún amigo, con un paisaje de la zona y una breve descripción de lo bien que lo estás pasando y demás. Hoy, tras llevar en Chile 15 días, he podido por fin completar la misión que me propuse, y que era a todas luces bien sencilla: enviar una postal a mi amiga Jayne, que vive en Birmingham. Pasé la primera semana en Santiago, y allí, la verdad, por desconocimiento de las dificultades que encontraría después, hice algún amago de comprar una postal en algún supermercado, pero sin demasiado hincapié y sin éxito. Pensé “No importa. Será más fácil encontrar cientos de postales en el sitio de playa al que iré en unos días”. Hace ya más de una semana llegué a Cachagua, un pueblecito de la costa, cerca de Zapallar, al norte de Santiago. No se parece en nada a los pueblos costeros que rodean España, e indagué sin descanso en todo tipo de comercio donde me tincaba (palabra chilena que viene a decir “me daba en la nariz”) que pudieran venderlas. Tuve éxito a los tres días, aunque el muestrario era bien magro, pues consistía únicamente en dos paisajes a elegir. El señor que las vendía en una pequeña tienda me contó que ya no había, y todo desde que se murió hace años el señor que sacaba fotos de los paisajes de esta zona tan linda de Chile. Elegí la que me pareció menos mala, y me di con un canto en los dientes al pensar que el 30% de mi misión estaba completada. Sólo restaba escribirla, pegar el sello y echarla a un buzón. Fácil. O eso creía yo…

Estampillas chilenas
En los distintos sitios donde pregunté por las postales, al preguntar también dónde podía comprar sellos (aquí les llaman estampillas), me explicaban que solamente en Correos. Me asombró bastante, ya que en España se venden en todos los estancos expendedores de tabaco. “No pasa nada”, —me dije—, “mañana me acerco a Correos a Zapallar”. Y así lo hice. Encontré a un señor, sentado tras una mesita, en lo que debía ser su momento de descanso. Estaba dando buena cuenta de un cuenco con trozos de fruta cortada. Muy amablemente me informó que no había un solo sello en Zapallar, que habían hecho ya el pedido a Correos de Santiago, pero que tardarían en llegar, y que seguramente ya estaría yo de vuelta en Madrid para entonces. ¡No daba crédito! No hay oficina de Correos en todos los pueblos, pero pregunté en Cachagua, Maitencillo, La Laguna… los que quedaban más cerca. Muchos me decían que sólo en un pueblo grande como Valparaíso podría encontrar, aunque alguno me dijo que probara en Papudo, que está a unos 18 km de donde estoy. Esta mañana me decidí por Papudo y allí llegué tras recorrer en coche un camino de puras curvas. Varias indagaciones después, descubrí que Correos estaba en la Municipalidad (algo así como el Ayuntamiento), y sin mucho problema localicé la plaza y la oficina. Estaba abierta, pero… vacía. Llamé varias veces, sin éxito. Salí de nuevo, y se me ocurrió preguntar en el comercio de enfrente. Una chica super maja se ofreció a localizar a Doña Rosa, la del despacho de Correos, y al tiro (otro chilenismo) apareció la mujer que me haría feliz. Salía de la cafetería de al lado y entró dispuesta a atenderme. Le pregunté por las famosas estampillas, y me aseguró que tenía. Sacó todo un fajo de sellos que casi me hizo soltar lagrimitas de emoción. ¡Doña Rosa tenía todos los sellos de Chile, por Dios! Me aseguré de ponerle el adecuado para que mi postal viaje a Gran Bretaña, y allí la dejé. Me dio cosita. Llevaba trasportando la postal ya escrita en mi bolso varios días, y ahora la veía ahí, sobre el mostrador, con su sello de 685 pesos bien pegadito,… tan mona, tan completa e indefensa ante los posibles avatares que le aguarden hasta llegar a su destino, y en los que ya no podré intervenir. No llevaba la cámara, pero ganas me dieron de hacerle una foto antes de dejarla partir. Le pregunté a Doña Rosa:

—¿Usted cree que llegará?

Ella levantó la cabeza, se ajustó las gafas, y me dijo muy segura y resoluta:

—¡Huy, ya lo creo que llega! Ésta sale de aquí esta misma tarde…

Tengo cruzados los dedos. Jayne…, yo lo intenté :-)

 

lunes, 20 de octubre de 2008

Sticking Close To Me

Debe ser algo químico, feromonas o qué se yo... o el instinto gregario de estar con la manada... No sé, pero no me explico por qué a la gente le gusta pegarse literalmente a los demás.

Esta mañana me he escapado veloz al aeropuerto a recoger a mi hermanita y cuñado. Venían de Egipto, viaje que ambos me han recomendado con entusiasmo. El caso es que, a pesar de que todos sabemos que, aunque el avión aterrice a su hora, pasa un largo rato hasta que sales finalmente a la calle, he salido de casa para llegar a recogerles puntualmente. Nunca se sabe, y no me gusta hacer esperar. Llego allí, bien de tiempo. Aparco mi coche en el parking y me dirijo a Llegadas. Había mirado en casa en la página de Aena la sala de la T4 donde debían aparecer, y también la hora estimada de llegada, por si llevaba retraso, pero ya allí me asomo de nuevo al panel de vuelos, a comprobar si ha habido algún cambio. Nada, todo sigue igual, pero pasan 7 minutos de la hora prevista y el avión no aterriza. Me da tiempo a fumar un cigarro fuera. De vuelta, veo que el avión ya ha tocado suelo, y me dispongo a esperar con calma cerca de la zona.

Había bastante gente. Siempre la hay en el aeropuerto. Y entiendo que si vas a recoger a alguien estés ansioso y nervioso, expectante y descontando los segundos,... pero no creo que haga falta necesariamente ponerse, como sea, en primera fila tras la barra de separación, ¿no? Y porque hay barra, que si no, algunos pegarían las narices a las puertas. Sin embargo hay gente que sí lo cree necesario, y ahí estaban, todos apiñaditos, que casi parecía una manifestación espontánea. He llegado a pensar que tal vez llegaba algún famoso, pero no veía cámaras ni paparazzis. Yo estaba a unos cinco metros de la barra, recostada contra una columna, con suficiente espacio vital a mi alrededor, y jugando con la ventaja de que, además de por mi altura, estando más retirado no tienes personas delante obstaculizando tu visión. Y tampoco me gusta estar rodeada y agobiada por la gente, notando la respiración del de detrás en la nuca, y oyendo claramente al interlocutor con el que habla por el móvil mi vecino de la izquierda. Además, cuando prevés aglomeración, te aseguras de llevar el bolso cerrado y bien sujeto, para evitar sustos. Pero ese surveillance mode resulta incómodo, y si el tener unos metros libres del gentío te permite relajar esa posición, mejor que mejor. Pero poco me duró la paz. Primero se me ha puesto una niña al lado, sentada en el suelo, a jugar con su Play, pero al poco, como moscas, uno tras otro han ido rodeándome... ¡qué agobio, por Dios! Que en un aeropuerto puede ser más normal y es difícil evitarlo, pero es que me pasa con frecuencia. Entras en una enorme tienda vacía a curiosear cuatro prendas, y al momento te está pasando por detrás una tía cargada de bolsas, que al parecer no tiene otro sitio por donde colarse, y te restriega sus compras y su humanidad por donde puede, y te giras y tienes pegada a otra, queriendo ver el vestido que justamente tienes casi en las manos...

Que es muy bonito eso de tocarse y sentirse, pero como que me apetece más hacerlo con los míos, no con gente que no conozco de nada. ¿Por qué estando en playas larguísimas, sin apenas gente, ves a lo lejos venir una pareja con sus bártulos playeros y sabes, irremediablemente, que plantarán su sombrilla y toallas a dos metros de donde estás? ¿Será que me falta el gen del concepto masa?

sábado, 4 de octubre de 2008

How To Get Out Of A Dress

A veces necesitas un respiro. Sobre todo, después de una de esas semanas de infarto, con mucho trabajo y prisas a todas horas, o de esas otras en que andas alicaído, con los biorritmos por los suelos. Hay infinitas opciones para conseguir un pequeño subidón, allá cada cual con la suya, pero a mí a veces me da por... ¡irme de compras!

¿Que qué hago? En mi caso, al salir del curro, me dejo caer accidentalmente por algún centro comercial de los que encuentro a mi paso. ¡Y mira que hay! Cada vez que me entero de la apertura de uno nuevo me sorprende que tenga éxito, porque los hay a patadas. Pero lo terminan llenando, ¿eh? Incluso los domingos en que abren, y pese a los atascos, acuden hordas de compradores ansiosos. Yo, la verdad, esos días los evito si puedo, pues prefiero la visita esporádica entre semana.

Una vez en el centro, intento pensar en cosas específicas para comprar, pero las más de las veces, termino deambulando y entrando tienda aquí, tienda allá, en ejercicio de la curiosidad y deseando que me conquiste alguna prenda. Pero para eso necesito el flechazo. Si a la primera de cambio, al echar la ojeada general, no siento palpitaciones, sé que es poco probable que encuentre algo. Aun así, me doy el paseo de rigor entre las prendas, a buen ritmo, sin mucha pausa. Otras veces, no paro de encontrar candidatos, y los voy cogiendo, sujetándolos como puedo, sin que arrastren por el suelo, no sea que acabe pisándolos y sufriendo alguna calamidad. Intento recordar si en ese probador te dejan entrar con cinco prendas, o si eran siete... O si cuenta como unidad el típico pantalón del que te coges dos tallas just in case.

Pertrechada con mi selección me dirijo a los probadores. Descorazona y desanima encontrar una enorme cola esperando a entrar antes que tú: sobre todo si en ella está la típica madre con su hija, que sabes que irán para largo. El caso es que con cola o no, no has llegado hasta allí para rendirte, y esperas con total estoicismo a que llegue tu turno. ¡Por fin! Pasado el control de número de prendas, te lanzas de cabeza al probador. Haces sitio y colocas todo como puedes, que una está delgada, pero cuando el probador es pequeño o no tiene ni un mal pincho para colgar el bolso, la ropa que te irás quitando y la colección que acarreas, te vienen a la boca mil palabros estupendos para desahogarte, pero que no solucionan tu problema de logística. Te las apañas como puedes, y empieza la función. Las prendas pertinentes abandonan su emplazamiento habitual y eliges tu primera víctima. Para mí es un proceso fluido, que no lleva mucho tiempo. No me quedo embobada ante el espejo cuestionando cada prenda como si fuera la decisión más crucial de mi vida. En pocos minutos he apartado lo que me quedo de lo que dejo, y estoy lista para salir. Pero... a veces hay problemas.

De compras

 
Aún recuerdo los sudores fríos que me entraron en una ocasión. Se trataba de un vestido, de esos un poco entallados, tipo pichi, de los que te pones con algo debajo. Tenía en el lateral una cremallera que olvidé abrir al metérmelo por la cabeza. Lo tenía ya medio encajado, con las sisas (esa parte que va debajo de la axila) a la altura de los antebrazos, media cara asomando por encima del escote, la cintura a la altura del pecho, el bajo del vestido (que se supone tenía que llegar a la rodilla) a la altura de la cadera, y los brazos en alto, como si bailara ballet o una jota. Imagínatelo. Decido parar. Ya es más que evidente que no es mi talla, que mi espalda es algo más ancha de lo que el tallaje requiere. No va a entrar ni de coña. Intento desandar el camino. Pero veo que no... ¡no puedo moverme! Estoy encajada por completo. Con los brazos en alto, y las manos demasiado lejos del vestido como para poder tirar de él hacia arriba. ¿Cómo he sido capaz de meterme en él si tengo los brazos en alto? Me entran los escalofríos de la muerte. ¿Qué hago? ¿Quién me manda a mí intentar probármelo? Si ya se intuía que no, que mi talla era una más. Fíjate que parecía un poco elástico, y ahora me tiene "aprisionaíta". Estoy en una absurda postura, y me veo viviendo dentro del vestido para siempre. Tengo que salir de él, pero ni coordino ni razono, ni sé por dónde tirar. Si llamo a la dependienta se va a descojonar, y es que veo que al final me lo cargo. Don’t panic, me digo. Y, de pronto, se produce el momento en que algo hace click, y afortunadamente no se trata del vestido. Vienen a tu mente las escenas que tantas veces has visto en la tele, cuando enseñan a respirar a las embarazadas en las clases de preparación al parto. Y, ¿qué vas a perder? ¡Si esto es como un parto! Lo que pasa es que tienes que salir tú del vestido, y seguro que él no va a respirar por ti. Te concentras, y empiezas a inspirar calmada y profundamente. Con un poco de miedo, la verdad. Que sólo falta que hiperventiles y te dé el torozón, y te desplomes, en plan escena tipo Matrix: la caída se produce a cámara lenta y tu cuerpo, con el peso, empuja la cortina del probador hacia afuera, mientras aterrizas en el pasillo. Pero no, nena, fuera esas ideas. Ahora hacen falta pensamientos positivos y concentración. Sigues respirando. Pidiendo a tu mente que haga resbalar tu cuerpo hacia abajo del vestido y que lo encoja. Si tan solo logras desplazarlo unos centímetros, será posible. Y, con mucha lentitud, ganas terreno. Si doblas las muñecas hacia abajo, casi tocas con la punta de los dedos los tirantes. Sólo un poco más. Respira. Concéntrate. Un poquito más. ¡Ya lo tocas!, pero tienes que conseguir pillarlo entre dos dedos para tirar de él hacia arriba. Un milímetro más. Tú puedes. Ya casi está... Casi... Venga... ¡¡¡Lo tienes!!! Paras un momento, ya exhausta por el esfuerzo..., y te serenas... Ya pasó lo peor. Ahora es cuestión de ir tirando con suavidad hacia arriba, no sea cosa que después del tremendo parto, acabes destrozando el vestido: eso ya lo podía haber hecho desde un principio, y opté por la sensatez. Y sacas por fin el vestido por la cabeza, como si fuera lo más fácil del mundo, y nunca hubieras estado dentro de él.

Desde entonces, si se me ocurre por lo más remoto volver a probarme un vestido de los de meterte por la cabeza, abro en primer lugar todas las posibles cremalleras que el diseñador le haya colocado, y acto seguido, actúo despacio, comprobando si soy capaz de salir del vestido o no, antes de que sea demasiado tarde. A pesar de todo... ¡Me sigue encantando irme de compras!

sábado, 20 de septiembre de 2008

Insane In The Main Brain

Que es que me pasa cada cosaaaaa... Ays, estoy atolondrada a veces. Se lo acabo de contar a un amigo por e-mail, y me he dicho, voy a compartirlo con más gente, que hace días que tengo el blog desatendido.

La historia es que andaba canina de lectura, ya casi con el colmillo fuera. Tenía un par de libros aún por leer, pero me agobiaba ver que se me estaba acabando la munición. Y yo seguía leyendo, como hago cada noche, pero no veía el momento de escapar a la librería a por más. Pero el viernes pasado llegó el día, y me escapé a poner fin a tanta desazón.

En una libreta pequeña que llevo en el bolso, tengo anotados títulos de libros a comprar, porque luego llego a la librería y no atino a elegir. Anoto algunos que me recomiendan o de los que lees buenas críticas. Tenía anotado el de
Brooklyn Follies, de Paul Auster, que me gusta mucho. Sin consultar mi chuleta (que seguía en el bolso), lo vi en inglés cuando curioseaba en la sección de libros-en-otros-idiomas. Lo cogí casi mecánicamente, sin darme cuenta, junto con otro título en inglés (que es que me tomo en serio eso de la práctica del idioma sajón). Me fui a la caja con ambos libros, toda contenta, y saqué mi libreta. Comienzo a recorrer los títulos anotados con mi apretada caligrafía y le empiezo a preguntar a la chica por algunos para añadir a la cesta, y al segundo NO de su parte, topan mis ojos con el de Brooklyn. Le pregunto por él. Me dice que SÍ, que ese sí lo tiene. Y... (¡que me aspen si sé porque mi cerebro desconecta de sus funciones en algunos momentos!)... le pregunto si lo tiene en inglés… ¿…? Dice que cree que sí, y vamos juntas a la zona de donde acababa de cogerlo yo. Vemos con sorpresa que no quedan, a pesar de que a ella le aparecía en el ordenador un ejemplar. Pero yo no me arredro, y ni corta ni perezosa le digo: "¿y en español?, ¿lo tienes en español?". Me dice que sí. Nos movemos de sección, lo buscamos, lo encontramos, lo cojo, y pago los tres libros en caja tan contenta.

 
Misión cumplida, pensaba yo. Qué liberación. Fue sólo al llegar a casa e ir a ponerles el nombre y fecha (cosa que no sé por qué siempre hago), cuando caí en la cuenta de mi absurda compra... ¡el mismo libro en dos idiomas! Pensaba quedarme los dos si no me dejaban cambiarlo, pero han sido muy amables y no me han puesto pegas en permitirme dejar uno y llevarme a cambio otros dos. Al final me quedé con la versión inglesa de Auster. Eso sí… los de la librería se deben estar carcajeando aún a mi costa.