miércoles, 19 de agosto de 2009

Mosquito Attack

... Sigue siendo verano, es innegable. Primero, porque estamos en agosto y en el hemisferio norte. Segundo, porque el calor que venimos padeciendo no es típico de invierno, por mucho que la climatología ande revuelta gracias a nuestros continuados ataques al planeta. Tercero,... ¡me han picado los mosquitos esta noche! He amanecido con unas bonitas picaduras en el brazo, de lo más decorativo. Lo bueno es que ni me enteré.




No puedo soportar cuando estás en tu camita, relajada o a veces ya casi frita, y lo oyes... ¡Pffffeeeeewwwww! (¿o suena mejor Ñññiiiiuuuuuuumm? Soy malísima para las onomatopeyas. Tomo nota mental de intentar averiguar por qué los chicos imitan los sonidos mejor que las chicas). ¡Ahí está!. Un bicho vuela bajo, rasante, derrapando en su trayectoria junto a mi oído... Mosquito detectado. Me saltan las alarmas. Es algo superior a mí. Que sé que no me va a comer, vaya. Que soy más fuerte, grande y temible que él. También lo sé. Pero es que ya soy incapaz de volver a dormir hasta que no haya conseguido acabar con él o echarlo de mi casa. El sólo hecho de pensar que, cuando esté en el mejor de mis sueños, ese pequeño individuo la emprenderá contra mí, es suficiente para despertarme del todo. Me da por pensar que tal vez elija mis párpados, para más inri, y me pongo nerviosa. Ya me veo con los ojos hinchados y repletos de picaduras. No queda otra que ir a la caza y captura. Y eso hago. Antes de nada, cierro puertas y ventana para aislarlo, y me aseguro de seguir oyéndolo o viéndolo por la habitación. Si no doy con él, a veces decido volver a abrir todo y contar con que se haya largado, a sabiendas de que puede estar agazapado, esperando un descuido. Pero es que si no lo veo, no lo veo, y abrir de nuevo para que entre el aire (si existe) es imprescindible con estos calores. Pero si lo encuentro y localizo, soy la loca que, armada con una toalla, camiseta o lo que pille, y mostrando los dientes cual salvaje, la lía a trapazos contra el enemigo cada vez que se para quieto, y ando subiendo y bajando de la cama, y correteando por la habitación. Normalmente tengo éxito en la misión, y eliminado el cadaver, abro todo y a dormir plácidamente, o lo que el calor y ruidos de aires acondicionados de los vecinos me permitan...

martes, 9 de junio de 2009

Summer Optimism

Abro esta página de vez en cuando, con la sana intención de escribir algo, pero termino cerrándola pasados breves minutos, porque mi mente se queda en blanco, y cualquier idea que asoma tímida, es desechada sin contemplaciones.

Vuelvo ahora a la carga, a sabiendas de que no tengo nada excepcional que relatar, y que me flaquean las canillas como cada vez que veo el lienzo en blanco. Es curioso... En innumerables ocasiones, —normalmente cuando no está el Pc ante mí o siquiera un cuaderno—, mi mente está llena de párrafos relatando cosas que me ocurren o ideas variopintas que se asoman a ella sin más. Pero cuando me siento a darles forma ya no es igual, pasó el ángel inspirador y no es posible atraerlo a la fuerza con falsos ardides. Así que no es lo que pretendo hoy.

Hoy tan sólo quiero enviar mucho apoyo a amigos que sé que lo están pasando mal, en distintas ciudades y partes del mundo, y por diversas razones. Unos por infelicidad en su relación, otros por falta de trabajo, alguno por abusos y falta de libertad, por sentirse engañados, por soportar duras cargas, por luchar sin ver frutos,... Son mis amig@s, y se vienen abajo en algún momento, dejándose llevar por la depresión y la desgana, se les acaban las fuerzas y se quieren rendir, hartos ya de tanta lucha. En la mayoría de los casos, la ayuda que les puedo prestar es sólo la de escucharles y animarles, e intentar que vean el mundo un poco más brillante de lo que tal vez es, porque estoy convencida de que, cambiando la actitud, no es que se produzca la magia y todo se solucione, pero sí se es más feliz. Siempre, siempre, siempre, puede encontrarse algo positivo a cada día, por pequeñito y minúsculo que sea. Búscalo. Hazle zoom. Deja que brille. Y busca otra pepita de oro entre tanta oscuridad, que seguro que hay más.

No puedo evitar ser optimista. Debí caerme en la marmita del Mundo Positivo cuando era pequeña, y aún no me he recuperado de la sobredosis. Y la verdad, me alegro. Porque a pesar de los titulares de los periódicos, a pesar de las desgracias que te puedan rodear en algún momento, siempre hay una imagen, un gesto, una palabra, un olor, una voz, un beso, una caricia, una música... algo, que hace que merezca la pena seguir aquí.

Me siento bien. Puede que no sea la persona más feliz del mundo, pero vivo momentos de felicidad concentrada. Los atesoro con mimo, por si he de echar mano de ellos.

El día es claro, el cielo despejado y azul, el sol me mira desde ahí fuera. El verano me espera :-)

miércoles, 25 de febrero de 2009

Singsong Tuesday

Martes... Desayunada, duchada, vestida y manos al volante, el día comienza con un par de atascos previos a llegar al trabajo. Hoy, para más inri, tenía que ir a otro edificio más lejos de casa que el habitual. Allí he pasado todo el santo día, con reuniones varias, trabajo en equipo, y algún que otro break para tomar un café, salir a la calle a disfrutar de este día tan primaveral, o para comer claro, que la alimentación no hay que descuidarla por muy liado que se esté. Pasaban de las 19:00 cuando he planteado mi retirada, casi ya resignada a topar con más atascos en el largo recorrido que me esperaba. Nada que ver. He disfrutado como una enana. Poder salir, callejear un poco y tomar la M40 ha sido pan comido, y ya en la autopista, con la música a tope y el techo solar abierto, iba feliz, cantando a voz en grito y sabiéndome no escuchada. Siendo el tráfico fluido como era, a lo sumo alguno ha oído una nota desafinada cuando... pfffiuuuuu!... he pasado a su lado como una bala. Mejor para él que solo haya sido eso, porque jamás he cantado bien, para qué negarlo o disimular. Ya de pequeña, en los cumpleaños, cuando tocaba lo de cantar en el momento de soplar las velas, intentaba hacer playback, y movía los labios sin cantar más que los finales de las estrofas ...iiiiiiiiz, ...iiiiiiz, ...oodooos, ...iiiiiiiiizzz... Curioso, si se tiene en cuenta que a mi hermana y a mí nos confunden la voz al hablar. Al cantar imposible. Ella canta bastante bien, pero yo no llego ni a los bajos ni a los altos. Si el timbre es similar, ¿qué se necesita para cantar bien?

En fin, yo estoy resignada, y ahora, al menos, me reservo el placer de esos momentos en el coche...

jueves, 12 de febrero de 2009

Plunge into the Pacific Ocean

Machas al parmesano, empanada chilena, ceviche de pescado, tiradito (es peruano), pastel de choclo, asado, pebre, congrio a la mantequilla, corvina... Hmmmm... rico, rico… Me estoy poniendo las botas día tras día, y regando los aperitivos con pisco o con los buenos caldos de esta tierra, blancos (como un buen el Chardonnay) o tintos. Ayer fue a la hora de comer, en el chiringuito de la playa de Zapallar, - César creo que se llama -, mirando al mar y los bañistas. Pregunté a una pareja de carabineros (es como se conoce aquí a los señores polis), si estaba permitido hacer topless en Chile. Me dijeron que no, salvo en playas específicamente nudistas, y que hay multa en caso de que alguien te cite. Bueno, la verdad es que ayer no pensaba hacerlo. La playa estaba bastante concurrida y con ambiente muy familiar, y sé que aquí son pelín más conservadores que en España, así que no pretendía alterar a los chilenos. Me alegré, sin embargo, de que no hubiera habido mucha gente hace un par de días en la playa de Cachagua, ni siquiera carabineros patrullando, porque allí sí, ante la mirada de propios y extraños, opté por tomar el sol sin la parte superior de mi bikini. En cualquier caso, ayer en Zapallar el mar estaba un tanto bravo, y cuando está así, baja más de un calzón a los bañistas. No era caso salir desnuda al completo de mi baño… He dicho bien: mi baño. Ayer, por fin, en mi quinto viaje a Chile, caté de primera mano las aguas del Pacífico. Me metí incluso un par de veces, brincando sobre las olas con los niños según me adentraba. Di fe de lo fría que está el agua, acá, aunque creo recordar sensaciones similares en el Cantábrico o el Atlántico. La prefiero un poco menos fría, pero… es una gozada sentir las carnes tan prietas como a los veinte

lunes, 9 de febrero de 2009

Mailing a Postcard

Aunque cada vez menos frecuente por aquello de la existencia de Internet, estando de vacaciones siempre ha sido normal eso de enviar una postal a algún amigo, con un paisaje de la zona y una breve descripción de lo bien que lo estás pasando y demás. Hoy, tras llevar en Chile 15 días, he podido por fin completar la misión que me propuse, y que era a todas luces bien sencilla: enviar una postal a mi amiga Jayne, que vive en Birmingham. Pasé la primera semana en Santiago, y allí, la verdad, por desconocimiento de las dificultades que encontraría después, hice algún amago de comprar una postal en algún supermercado, pero sin demasiado hincapié y sin éxito. Pensé “No importa. Será más fácil encontrar cientos de postales en el sitio de playa al que iré en unos días”. Hace ya más de una semana llegué a Cachagua, un pueblecito de la costa, cerca de Zapallar, al norte de Santiago. No se parece en nada a los pueblos costeros que rodean España, e indagué sin descanso en todo tipo de comercio donde me tincaba (palabra chilena que viene a decir “me daba en la nariz”) que pudieran venderlas. Tuve éxito a los tres días, aunque el muestrario era bien magro, pues consistía únicamente en dos paisajes a elegir. El señor que las vendía en una pequeña tienda me contó que ya no había, y todo desde que se murió hace años el señor que sacaba fotos de los paisajes de esta zona tan linda de Chile. Elegí la que me pareció menos mala, y me di con un canto en los dientes al pensar que el 30% de mi misión estaba completada. Sólo restaba escribirla, pegar el sello y echarla a un buzón. Fácil. O eso creía yo…

Estampillas chilenas
En los distintos sitios donde pregunté por las postales, al preguntar también dónde podía comprar sellos (aquí les llaman estampillas), me explicaban que solamente en Correos. Me asombró bastante, ya que en España se venden en todos los estancos expendedores de tabaco. “No pasa nada”, —me dije—, “mañana me acerco a Correos a Zapallar”. Y así lo hice. Encontré a un señor, sentado tras una mesita, en lo que debía ser su momento de descanso. Estaba dando buena cuenta de un cuenco con trozos de fruta cortada. Muy amablemente me informó que no había un solo sello en Zapallar, que habían hecho ya el pedido a Correos de Santiago, pero que tardarían en llegar, y que seguramente ya estaría yo de vuelta en Madrid para entonces. ¡No daba crédito! No hay oficina de Correos en todos los pueblos, pero pregunté en Cachagua, Maitencillo, La Laguna… los que quedaban más cerca. Muchos me decían que sólo en un pueblo grande como Valparaíso podría encontrar, aunque alguno me dijo que probara en Papudo, que está a unos 18 km de donde estoy. Esta mañana me decidí por Papudo y allí llegué tras recorrer en coche un camino de puras curvas. Varias indagaciones después, descubrí que Correos estaba en la Municipalidad (algo así como el Ayuntamiento), y sin mucho problema localicé la plaza y la oficina. Estaba abierta, pero… vacía. Llamé varias veces, sin éxito. Salí de nuevo, y se me ocurrió preguntar en el comercio de enfrente. Una chica super maja se ofreció a localizar a Doña Rosa, la del despacho de Correos, y al tiro (otro chilenismo) apareció la mujer que me haría feliz. Salía de la cafetería de al lado y entró dispuesta a atenderme. Le pregunté por las famosas estampillas, y me aseguró que tenía. Sacó todo un fajo de sellos que casi me hizo soltar lagrimitas de emoción. ¡Doña Rosa tenía todos los sellos de Chile, por Dios! Me aseguré de ponerle el adecuado para que mi postal viaje a Gran Bretaña, y allí la dejé. Me dio cosita. Llevaba trasportando la postal ya escrita en mi bolso varios días, y ahora la veía ahí, sobre el mostrador, con su sello de 685 pesos bien pegadito,… tan mona, tan completa e indefensa ante los posibles avatares que le aguarden hasta llegar a su destino, y en los que ya no podré intervenir. No llevaba la cámara, pero ganas me dieron de hacerle una foto antes de dejarla partir. Le pregunté a Doña Rosa:

—¿Usted cree que llegará?

Ella levantó la cabeza, se ajustó las gafas, y me dijo muy segura y resoluta:

—¡Huy, ya lo creo que llega! Ésta sale de aquí esta misma tarde…

Tengo cruzados los dedos. Jayne…, yo lo intenté :-)

 

domingo, 23 de noviembre de 2008

Cosas Que Pasan

Me gustó, y me apeteció compartirlo...

http://www.youtube.com/watch?v=U_ctG5eFfYQ

COSAS QUE PASAN

Nadie salió a despedirme
cuando me fui de la estancia
solamente el ovejero, un perro nomás,
Cosas que pasan.

El asunto, una zoncera,
un simple cambio de palabras,
y el olvido de un mocoso,
del que puedo ser su tata.
Y yo que no aguanto pulgas,
a pesar de mi ignorancia,
ya no mas pedí las cuentas,
sin importarme de nada.

No hubiera pasado esto,
si el padre no se marchara,
pero los patrones mueren,
y después los hijos mandan.
Y hasta parece mentira,
pero es cosa señalada,
que de una sangre pareja,
salga la cría cambiada.

Los treinta años al servicio,
pal’ mozo no fueron nada,
se olvido mil cosas buenas,
por una que salió mala.
Yo me había aquerenciao,
nunca conocí otra casa,
que apegado a las costumbres,
me hallaba en aquella estancia.

Sí hasta parece mentira,
mocoso sin sombra e’ barba
que de guricito andaba,
prendido de mis bombachas.
Por él, le quité a unos teros
dos pichoncitos, malaya!
Y otra vez, nunca había bajao un nido,
y por él gatié las ramas.

Cuando ya se hizo muchacho,
yo le amansé el malacara,
y se lo entregué de riendas,
pa’ que él solo lo enfrenara.
Tenía un lazo trenzao,
que gané en una domada,
pal’ santo se lo osequié,
ya que siempre lo admiraba.

Y la única vez que El patrón,
me pegó una levantada,
fue por cargarme las culpas,
que a él le hubieran sido caras.
Zonceras, cosas del campo,
la tranquera mal cerrada,
y el terneraje e’ plantel,
que se sale de las casas.
Y eso, pal’ finao patrón,
Era cosa delicada.

Y bueno, pa’ que acordarme
de una época pasada,
me dije pa’ mis adentros,
todo eso no vale nada.

Sin mirarnos, arreglamos,
metí en el cinto la plata,
le estiré pa’ despedirme mi mano,
Pa’ que apretara,
y me la dejó tendida,
cosa que yo no esperaba.
Porque ese mozo no sabe,
si un día ha de hacerle falta...

Tranqueando me fui hasta el catre,
alcé un atado que dejara,
y me rumbié pal’ palenque,
echándome atrás el ala.
Ensillé, gané el camino,
pegué la ultima mirada
al monte, al galpón, los bretes,
el molino, las aguadas,

De arriba abrí la tranquera,
eche el pañuelo a la espalda,
por costumbre, prendí un negro,
talonié mi moro Pampa,
y ya me largué al galope,
chiflando como si nada.

Nadie salió a despedirme
Cuando me fui de la estancia,
Solamente el ovejero, un perro nomás,
Cosas que pasan...
Poema de Don Víctor Abel Jiménez
Musica de Jose Larralde

jueves, 6 de noviembre de 2008

The Story Of A Sign

La importancia del mensaje, de cómo transmitirlo, de quién lo emite y quién lo recibe. Ahhhh, el marketing de la comunicación...