jueves, 24 de junio de 2010

Rolling On Bed Laughing

Esta es de esas anécdotas que no sabes si contar, porque te sientes como boba, y hasta sin el como, pero ya que me he puesto a ello sigo, que no soy yo de enseñar el caramelo y guardarlo en el bolsillo de nuevo.

Trabajo de momento en una oficina, retirada del hotel donde me alojo mientras estoy aquí en Boston, pero esa tarde tenía una reunión en el edificio noble, que casualmente queda justo al lado. Mi jefe me había pedido que le informara tan pronto acabara. Así que, no más pisé la calle para caminar hacia el hotel, le llamé por teléfono. Le pillé ocupado y no me cogió la llamada. Subí a mi habitación, me puse ropa cómoda y abrí de nuevo el portátil para seguir conectada trabajando desde allí. Al poco me devolvió la llamada. Me levanté a por el móvil, que había dejado a la entrada, cerca del bolso. Contesté, y me puse a contarle, caminando de acá para allá por la habitación. Recuerdo que me vi caminando y pensé “Voy a hacer un surco en la moqueta. Mejor me siento”. Ni corta ni perezosa me dirigí al sitio más confortable: la cama. Esa pedazo cama king-size que me acoge cada noche y me envuelve tan bien. Me senté. Pero del estar sentada pasé al estar tumbada, y tan grande es la cama y tan boba yo, que seguía hablando con él desgranando los pormenores de la reunión, cuando empecé a rodar por la cama, cual croqueta. Blablabla vuelta a la derecha, blablabla vuelta a la izquierda, blablabla... Y el largo de la cama, en la que yo estaba atravesada, pensé que me daba para rodar una vuelta completa. Creo que mientras seguía mi cháchara, sin parar de hablar, me reté a mí misma dándome más impulso en el rodar, pero…., calculé mal… Fatal, diría yo, o incluso ni calculé, pues todo ocurrió muy rápido. Tanto rodar y rodar me llevó al borde sin darme cuenta y del blablabla que escuchaba mi jefe pasó a oír un alarido “Aaaaughhhhhh Wooooouuuhhh”, acompañado de un “¡Booomm!” y seguido de una cascada de carcajadas.
 

Allí estaba yo, sentada en el suelo, con el móvil a un metro o más, riendo como una posesa y llevándome la mano a la cadera derecha, que fue la que recibió el golpe. Recuperé el teléfono riendo aún, y al otro lado imaginaba a mi jefe con los ojos muy abiertos y cara de interrogante, y él me decía:

—¿Qué ha pasado? ¿estás bien? ¿quieres llamarme en unos minutos?
 

Creo que hasta debió pensar que yo estaba allí con alguien, jugueteando en la cama, tal era la juerga que yo tenía encima de pronto, y es que me parecía tan tan tan absurda la caída que no sabía si era mejor pasar de ello o intentar explicarlo.

En fin, doy fe de que el moradito existe en mi cadera derecha, y mis compañeros prometen asegurarse de que estoy bien sentadita y lejos de una cama cuando hablen conmigo, que no quieren verme accidentada al día siguiente :-)

jueves, 11 de marzo de 2010

Unsolved Equations

Y aquí estoy de nuevo: de vuelta en los Madriles, tras haber hecho mi tercera escapada a Boston por motivos de trabajo. Pero al menos los fines de semana dejaban tiempo para turistear, y pude ir a Cape Cod y a Rodhe Island. Lo he pasado en grande, la verdad. Estas allí, lejos de tu familia y amigos, pero rodeada de compañeros que, de algún modo, se convierten en tu familia, y se crean lazos especiales. Es como una especie de Gran Hermano, tal vez, y todo se magnifica. Ahora les echo de menos estando aquí, aunque es cierto que acabo de aterrizar como quien dice, y no me ha dado tiempo a calentar motores y dejarlos al ralentí. En dos o tres semanas, cuando me vea de nuevo haciendo maletas para volver, será a los de aquí a los que me dé penita dejar.

Y yo soy la misma, sigo siendo la chica envuelta en la incertidumbre, porque aún quedan muchos interrogantes por despejar, y por más que me afano para resolver ecuaciones, éstas no me las enseñaron en la carrera. Será cuestión de seguir caminando, paso a paso, cruzando los puentes que aparezcan en mi camino, o saltando por ellos para remojarme de vez en cuando. ¡Es la vida! :-)


domingo, 17 de enero de 2010

Riding on Life

Mucho tiempo llevo sin pasar por aquí a sembrar unas letras que juntas, como hormiguitas, formen palabras y, a veces, párrafos con sentido. He vivido muchas cosas desde mi última entrada, buenas y malas, y casi sin darme cuenta, el reloj de arena del 2009 fue dado la vuelta y ya corre, a su ritmo, grano a grano, el tiempo del 2010. Mi cabeza está llena de preguntas sin respuesta, y nadie, salvo yo, podrá ir contestándolas, o tal vez algunas queden para siempre así. De nada me ayudaría acudir a una echadora de cartas o consultar la bola de cristal. Sólo serviría para esconder la cabeza bajo tierra y dejar que otros tomen las decisiones por mí, cuando soy yo quien debe hacerlas propias. Cuando queremos hacer un cambio importante nos refugiamos a veces en excusas, y es que no se puede estar aquí y allí al mismo tiempo, ni se pueden tener siempre todas las cartas sobre la mesa. Las más de las veces hay incógnitas, pero si esperas a desvelar cada una de ellas, tal vez el tren se irá y no llegará otro para llevarte a tu destino.

Veremos cómo evoluciona mi amasijo de interrogantes y qué me depara este año que comienza. Sólo sé que esta vez no tengo intención de quedarme esperando a que la vida pase ante mí, y pienso montar en ella, aunque sea sin silla, a pelo, ¡como una amazona!.



domingo, 8 de noviembre de 2009

Men Puzzle

Tus ojos verdes me retan, burlones, y se ríen de mí, acercándose tiernos a mi boca cuando tus labios me besan. Pero es mi risa la que suena si tu cuerpo, delgado y fibroso, un tanto flaco, me atrapa en un abrazo a traición. Y al volverme, veo tu cabello rebelde y de punta, y rodeo tu cuello con mis brazos empinándome para besarte si no llevo tacones, o me refugio en ti, sintiéndome pequeña. Miro tus largos dedos, que dejan ver que te muerdes las uñas, mientras recorren mi piel. Tu risa franca y abierta, contagiosa, me hace cosquillas. Tu voz suave penetra por mis oídos cuando te acercas y me susurras, pero... ¿sabes?, a veces no te escucho, porque me transportas a otros mundos si siento tu cálido aliento tan cerca. Disfruto pasando mis dedos por tu cabello, tan corto y tan suave, es casi como acariciar a un peluche. Y esos ojos negros me intrigan, me invitan a asomarme al misterio de lo prohibido, mientras desvío los míos a tu boca de beso, sin poder razonar, deseando tan sólo callarla atrapándola con la mía. Y te pongo un dedo en los labios, y sacas la punta de tu lengua para saborearlo. Y las miles de terminaciones nerviosas de mi cuerpo sienten una maravillosa descarga. Adoro cuando en la noche despierto y te sé abrazado a mí, los dos en cucharita. O cuando, estás sentado en una silla, me acerco y me siento a horcajadas sobre a ti, mirándote, y juego con tu larga melena negra, dejando que mis dedos hagan tirabuzones, hasta que reparo en el azul nítido de tus ojos, y me zambullo, como el que se lanza de cabeza a las increíbles aguas de un lago perfecto, y me encuentro en el camino con la sorpresa de tu boca, de labios carnosos, que asciende a mi cuello para dibujar un corazón con esa lengua tan sabia. Como sabias son tus manos, de uñas cuidadas, cuando viajan por mi cuerpo buscando tesoros. Y sueño en la noche, llena de placer, porque alguien ha iniciado un juego amoroso... Mas, despierto y ¡oh!, veo que no sueño, que eres tú quien, bajo las sábanas, muestra sus ojos de gato, ora verdes, ora grises, y me besa en todas partes, y decido no soñar y vivirlo. Y conduzco feliz, escuchando música, viendo en mi mente cómo cantas, moviendo tu cabeza llena de cortos rizos negros, mientras yo bailo a tu alrededor llenando todo de burbujas de locura y estallidos de colores. Y tú, parado en el centro, recibes mi abrazo, y te llamo gordito mientras toco cariñosamente esos michelines extra. Y acaricio tu cabeza, casi rapada, deteniendo mi mano en las largas patillas que endurecen un poco tu rostro, dándote ese aspecto de niño malo que me encanta. Y caminamos de la mano, y te gusta subirte al bordillo de las aceras para ser más alto que yo, y pararte de pronto a regalarme un beso para probar a mirarme desde arriba.
Eres un puzzle, cambiante, caleidoscopio de personalidades...

miércoles, 21 de octubre de 2009

No Internet Available

No tengo Internet. Algo gordo ha ocurrido, hará una media hora, y se han despanzurrado todas las cosas que tenía corriendo gracias a la savia internetera que corría por las venas del Pc. Dicen lo de siempre: avería técnica generalizada en la zona. A saber si se trata de un cable pelado o es algo verdaderamente complejo, pero el caso es que aquí me hallo, escribiendo lo que podrá ser (si Internet vuelve algún día) una entrada en mi blog.

Te acostumbras a algo y en el momento en que te falta te encuentras un tanto raro. Por Dios, si he estado a punto de buscar el teléfono de atención al cliente de mi operador en la web. Ppfffffffffff!!! Que hasta he enviado unos cuantos tweets vía móvil… Pero no hay color, porque no veo mi timeline. No veo nada. Es como un diálogo de besugos entre yo y yo, y ¿qué voy a decir? Ya me conozco, con lo cuál ni me contesto.

Me digo ¿qué hago?, ¿qué hace una persona que pasa tantas horas diarias delante del ordenador y casi siempre haciendo algo que requiere conexión? Cuando estoy de viaje o por ahí, ni me acuerdo, aunque he echado un ojillo al iPhone y cualquier día se viene conmigo. Pero estando de relax en casa, para mí es fundamental. En fin… Pasó por mi mente lo de encender la tele, pero lo descarté rápido. Aunque, quién sabe, como esto vaya para largo me veo viendo… ¿viendo qué? Si no sé ni qué programación hay, jajaja…

Mis constantes vitales y mis pulsaciones parecen normales. No observo manchas en el iris, ni pigmentaciones o sarpullidos en la piel. Las ojeras ya estaban está mañana, así que no cuentan. ¿Significa esto que no estoy enganchada a Internet? Llevo ya casi una hora, y extrañamente estoy tranquila, pero ¡estoy intentando a cada rato ver si ha resucitado! Y nada. Que está haciéndose la interesante y pasa de mí. Pero sé que está con otr@s, ¡qué desvergonzada! Huys… que me veo encendiendo la caja tonta o retomando mi libro de la mesilla de noche.
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Fuera llueve. Mejor dicho, diluvia. Voy a cerrar la ventana que se me inunda la casa y para eso no necesito Internet, y ya que me levanto voy y ceno algo. Lo mismo a mi vuelta todo ha regresado a la normalidad :-)
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Pues no, así que cambio la cara: :-(, ¡ea!. Y encima me he recorrido 34 canales de TDT en busca de algo que me retuviera y… nada. Aunque me conozco, salvo que hubiera encontrado algo realmente apasionante, estaría asomándome por aquí de nuevo a probar fortuna.
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Me he puesto música. El iTunes, claro, porque Spotify no puedo. Y doy vueltas por la casa. Pico algo en la cocina, aunque acabo de cenar como quien dice. Riego una maceta aquí y otrá allá. Me peso al pasar por uno de los baños y ver la báscula. ¡He perdido un kilo! ¿Ya? ¿Tan pronto? ¿Tanto me está afectando esto? ¿Significa esto que Internet engorda o que el mono adelgaza?
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Y canto, ¡hala! Que lo hago fatal, pero me importa un comino. Es mi mono y lo paso como quiero. Y que se le ocurra a un vecino asomarse, que como tenga Internet le hago prisionero y le asalto la casa, lol. Pasó por mi mente lo de llamar a alguno para pedir una tacita de Internet, por caridad, suficiente para ir de surfing por un ratito. Ay… Y mientras esto parece un disco rayado: “Resolviendo la dirección xxx” “Servidor no encontrado”.
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A lo tonto, a lo tonto, llevo casi 2 horas sin Internet, y será la música, ¡quién sabe!, pero al final estoy pasando un rato de lo más agradable. Me voy a secar la melena, que el secador sólo necesita electricidad. Cruzo los dedos para que no le dé por morir esta noche, que lleva días con extraños ruiditos...
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Se ha portado como un jabato. ¡Ese sí que sabe! No te deja colgada en un momento así. Aunque otros lo hicieron. Aún recuerdo cuando tuve que pedir el secador a la vecina, para evitar ir a currar como una loca huida de algún sitio al día siguiente. Y al final casi fue peor. Su secador secaba, sí, y tanto que secaba. Me quemó el pelo en una zona, porque no había manera de regular la temperatura. Bueno, al menos hoy no he tenido tal percance.

Y la música sigue sonando y animándome, mientras Internet me evita y me saca la lengua tal que así :-P

Y fumo algún que otro cigarro. Me había pensado lo de no comprar más tabaco hoy, pero al final compré una cajetilla a la hora de comer. Mucho p’al body habría sido eso de pasar ¡dos monos hoy! Aunque poco imaginaba yo de eso esta mañana. Que de haberlo sabido, lo mismo me habría hecho plan de salir por ahí a cenar, y volver a casa para meterme en la cama, o me habría escapado a comprar un iPhone, jajaja… Nah, eso no lo habría hecho, tan mal no estoy. Creo que tengo salvación pero… ¡que me restablezcan el servicio YA, hombre!
...

Resignada ya a no tener Internet hasta mañana, al menos hasta que llegue a la oficina. Tenerlo en casa será cosa de que arreglen lo que sea que no me ha permitido subir esta entrada al blog… Aunque, pensándolo bien… esta entrada no habría existido de no haber sido por este desaguisado, ¿no?

Ya es casi la 1:00 am y el despertador sonará en unas horas, haya o no Internet, así que cierro filas y mañana será otro día.


miércoles, 14 de octubre de 2009

Reading Carefully

A veces voy tan acelerada por la vida que igual chocó con paredes, que descascarillo mi cadera contra los pomos de las puertas (me salen unos cardenales la mar de monos, todo hay que decirlo) o leo un texto en diagonal, por aquello de las prisas, rellenando los huecos con mi imaginación más que con las palabras que realmente contienen. Y es que es conveniente prestar atención cuando se lee, porque a veces se cae en errores... como éste:

Cierto amigo me recomendó un día un buen dentista, que resultaba ser su primo. No me dio sus datos de contacto en aquel momento, y fue hace poco, tras hablar con él por teléfono, cuando recordé su consejo y me di cuenta de que aún no disponía de los datos. Al saberle metido en un avión en ese momento, decidí enviarle un SMS, para que no se me pasara preguntarle y me contestara cuando pudiera.
 
Moona:

Pasó la tarde, y yo salí a cenar a mi japonés preferido, donde me puse las botas degustando sushi & sashimi, y acompañándolo de un delicioso vino. Ya no me acordaba del SMS enviado antes, y el sonido de recepción de nuevo mensaje en el móvil, según entraba en casa, me pilló desprevenida. Era de mi amigo. Abrí el mensaje, y leí:

Mi amigo:

Me quedé de piedra, y pensé, ¿eh?, este tío es imbécil y en su casa no lo saben. ¿A cuento de qué me dice esto?, ni que yo fuera por la vida creyéndome la reina de Saba, ¡será idiota! Pero... ¿qué mosca le ha picado? Es majo, pero no es George Clooney. ¿Le he hecho algún feo y mi memoria de mosquito me impide recordarlo? No parecía molesto hace un rato cuando hablé con él. Pero la que sí estaba de repente molesta era yo, y ni corta ni perezosa, sin pensarlo mucho más (¡ay, las prisas!) le respondí:

Moona:
(una es así, aún enfadada sigue mandando besos)

Y al instante recibo:

Mi amigo:

Ahí me dije, ¿qué?, ¿cómo que qué?, ¿qué de qué, idiota?, ¿ahora vamos de graciosos o qué?. Pero en el fondo me chocó ese "¿qué?" suyo. Quiso la casualidad que tuviera su mensaje aún guardado (los suelo borrar tras leerlos) y pudiera releer de nuevo con más calma. Y releí. ¡Dios! ¡Qué chasco! Había escrito:

Mi amigo:

¡Ooooops! ¡Glubs! Menuda metedura de pata. Me moría de vergüenza, y me llamé torpe una y mil veces. Yo poniéndole verde, y él, pobre, inocente de todo, y seguramente planteándose el borrar mi nombre de su agenda por no tener que vérselas más con las acusaciones de una petarda. No tarde en responder diciendo:

Moona:

Mi amigo:
(claro, ¿qué otra cosa me iba a decir?, ¿que me cuide la vista o que me cuide de leer si bebo vino?)


Moona:

Pfiuuuuuu, ays... todo se aclaró y solucionó. Me partía de risa yo sola, y él se partía también al día siguiente cuando me llamó para ver si "ya estaba más tranquila" y le expliqué lo que había leído inicialmente y todo lo que pasó por mi cabeza en esos momentos con respecto a su persona. Charlamos un buen rato y nos despedimos, aún como amigos. En adelante, me cuidaré mucho de leer con detenimiento todos los próximos mensajes que reciba, en especial los suyos.

martes, 13 de octubre de 2009

Laugh Therapy

Un portazo, seguido de un grito animal. El silencio de la noche queda roto. El grito torna en lamento, hondo quejido desgarrador de almas. Se le escapa el color del rostro, ahora cerúleo y brillante en la oscuridad. Rostro de muerta. Paralizada, exánime, mira la puerta sin comprender, sin querer creer. Tiritando inicia un llanto quedo, inconsolable, llanto de niña. Su barbilla tiembla mientras el mar brota de sus ojos y resbala por su blanca piel. Está congelada, gélida, sin sentirse confortada al abrigo del edredón que la envuelve. No es capaz de reaccionar. Se ha roto en mil pedazos. Sólo llora y gime. No quiere consuelo, quiere llorar su dolor para superarlo. Parece anestesiada. El sol se detuvo. El mundo paró su giro planetario. Todo quedó en silencio, en tinieblas, sin estrellas, sin luna, sin arco iris, sin colores. Quedó suspendida en el vacío, sin caer, sin poder tampoco remontar el vuelo. Está sin brújula, desorientada. Agotada y exangüe se tumba en la cama. No puede pensar. Ya no brota llanto. No le quedan lágrimas, y sus ojos enrojecidos sólo ansían cerrarse. Y los cierra. Y se tiende sobre la cama. Y se deja llevar por ese cansancio infinito que le nubla los sentidos. Se sume en el sueño sin remedio, mientras su respiración se normaliza y las convulsiones de su cuerpo cesan. 


Duerme. Duerme, mi niña. Duerme, Princesa... Una mano invisible acaricia con  suavidad su cabello y sus sienes, y la calma. Y ella duerme, duerme y duerme.

Y muchas, muchas horas después... despierta. Y se siente sola y vacía, un tanto extraña, y a la vez, completamente relajada. Todo está oscuro. Siente la necesidad de respirar aire fresco, y de ver la luz. No quiere más negrura, ansía claridad. Liberando tras de sí el edredón se dirige al ventanal. Y corre las gruesas cortinas, y sube las persianas, y abre las ventanas una a una, de par en par. Y la luz inunda todo, y ve el claro día en el valle. Y se llena los pulmones con el aire de la mañana, tiritando un poco porque está desnuda. Pero su piel agradece los escalofríos y no se cubre con nada. Inhala y expele aire con fruición y ansia, y sus ojos, con las pestañas pegadas entre sí por tanto llanto, se deleitan en el paisaje, como viéndolo por vez primera. Alza la vista al cielo azul, y cierra los ojos sintiendo el sol mimar su piel. Y sus comisuras comienzan a dibujar una sonrisa. Es como un bálsamo. Siente relax y cosquillas. Siente la vida recorrer su cuerpo. Tiene ganas de reír de pronto. Sí, sí, síiiiiiii... Piensa que está loca, pero ríe, ríe, más alto, a carcajadas. Su boca abierta es una fiesta, baila y gira junto a la ventana, feliz y liberada, y su risa cantarina recorre el valle y trepa a las cimas cercanas resbalando imparable por las laderas al otro lado...